Bajan los ingresos, se consume el ahorro y se expande la pobreza
Barómetro Social de España

En el sexto año de crisis y políticas regresivas se reduce el ingreso y el ahorro de las familias, crece la pobreza y las necesidades básicas no cubiertas.

La marcha de una economía capitalista suele valorarse en función de las variaciones de su Producto Bruto Interno. Entre 1994 y 2007 el PIB español creció cada año un 6% o más. Con el inicio de la crisis el incremento se redujo a la mitad en 2008 (3,3%), cayó fuertemente en 2009 (-3,8%), levemente en 2010 (-0,12%), se recuperó ligeramente en 2011 (0,07%) para volver a descender en 2012 (-1,7%). El balance del período 2008-2012 es una caída del PIB del 5,4% valorado a precios corrientes pero ésta se eleva a -11,8% si descontamos el efecto de la inflación. Es habitual encontrar referencias al papel del estado o de las empresas en esta dinámica. Pero además de éstas la otra gran pata que configura el tejido económico es la “renta de las familias”, los ingresos y consumos que realizan los particulares. ¿Cuál está sido el comportamiento de este segmento durante la crisis? Podemos hacer un seguimiento comparando la evolución de su renta disponible neta (la que queda una vez descontados impuestos), su ahorro total y su endeudamiento valorados en moneda constante (siempre descontando el engañoso incremento de cifras que genera la inflación). En los dos primeros años de crisis (2008-2009) la renta disponible continuó incrementándose pero a menor ritmo (3,8%) y se redujo el endeudamiento (-1,8%) por primera vez tras un largo período de incrementos continuos; además, ante el temor de lo que se avecinaba se redujeron gastos y se incrementó fuertemente el ahorro de los hogares (77%). A partir de entonces la profundización de la crisis supuso un evidente empeoramiento de la situación: desde 2009 a 2012 la renta disponible de las familias cayó un 12,7% y el nivel de endeudamiento continuó en descenso (-11,9%) pero ya no fue posible sostener los niveles de ahorro; por el contrario, la pérdida de empleos, la reducción de ingresos, el agotamiento de prestaciones sociales generaron una importantísima caída de las reservas monetarias de las familias (-60,2%)[i]. En definitiva, en época de vacas flacas se ingresa menos, se consumen los ahorros y no se piden/consiguen créditos. La consecuencia es una caída de los niveles de consumo y una reorientación del gasto.

Gráfico 1. Evolución de la renta disponible, el endeudamiento y el ahorro de los hogares (variación anual, en %)

RFam 0

Fuente: elaboración propia en base a Banco de España

Inflación y encarecimiento de productos básicos

Entre 2007 y 2012, comparando medias anuales, el índice general de precios de consumo aumentó un 11,7%, pero sus distintos componentes han seguido un rumbo desigual. Concentrándonos en los bienes de primera necesidad encontramos un encarecimiento notable de los combustibles, que incluyen la electricidad y el gas de los hogares (aumento del 46,4%), los servicios de transporte (26,2%), los gastos de enseñanza y distintos servicios relacionados con la vivienda (un 18% cada uno). También se encarecieron pero por debajo de la media general los alquileres, la conservación de la vivienda y los servicios médicos y dentales (entre 9 y 10%). En cambio, bajaron de precio las vestimentas (-1,8%) o los medicamentos (-6,9%) pero una parte de estos han dejado de estar financiados, parcial o totalmente, por el sistema nacional de salud.

Gráfico 2. Evolución del índice de precios en subgrupos de gasto de primera necesidad. Período 2007-2012 (% de variación de las medias anuales)

RFam_1

Fuente: elaboración propia en base a INE, Índice de Precios de Consumo (en www.ine.es)

Para valorar el impacto de esta evolución de los precios hay que ponerlos en relación con la evolución de los ingresos. Entre 2007 y 2012 el volumen de la renta neta disponible de las familias apenas creció un 1,2% medida en euros corrientes. Por tanto, todo incremento de precios por encima de este valor significó un mayor gasto para los presupuestos familiares.

Dificultades crecientes y cambios en las pautas de consumo

Según la consultora Nielsen los españoles están entre los europeos que más han cambiado sus hábitos de compra en 2012 con el fin de reducir sus gastos: el 84% afirma haberlo hecho tomando distintas medidas (la media europea es de 62%, y en Alemania sólo alcanza al 35%). En España el ahorro más generalizado consiste en disminuir gastos en ocio fuera de casa (lo ha hecho el 69% de los adultos), en ropa nueva (67%), o en gas y electricidad (66%); este último rubro puede suponer una ventaja ambiental al reducir las fuentes de contaminación pero también el deterioro de condiciones de vida si se trata –por ejemplo- de utilizar menos calefacción en los meses más fríos. Más de la mitad de los adultos ha reducido sus gastos en vacaciones y puentes (59%) o en teléfono (58%), el 52% consume marcas de alimentos más económicas y el 46% utiliza menos el coche. Casi la cuarta parte (24%) afirma que no le queda dinero una vez cubiertas las necesidades esenciales. Otro 21% señala que el excedente lo destina a pagar deudas o gastos de la tarjeta de crédito. Por tanto, el 45% no podría consumir nada más allá de lo imprescindible. Por su parte, la Encuesta de Condiciones de Vida del INE indica que al finalizar el ciclo de crecimiento, en 2007, el 26,8% de los hogares tenía dificultades para fin de mes; por tanto, la cuarta parte “vivía al día” en los maravillosos años de las burbujas, la especulación, el endeudamiento y el consumo creciente. Cinco años después el porcentaje alcanza al 31,8% de los hogares y el 33,2% de las personas. También el Eurobarómetro, realizado por la Unión Europea, muestra el incremento del grupo con dificultades para llegar a fin de mes: según esta fuente ha pasado del 38% en 2009 al 46% en 2012. Su última edición muestra un importante incremento de la población cuya situación actual se encuentra en una situación le impide planificar su futuro, pues “viven al día”: eran el 47% en 2012 y un año después llegan al 54%.

Síntomas de incremento de las necesidades básicas no cubiertas

Las estadísticas de pobreza, que se actualizan con cierto desfase temporal, reflejan las dinámicas descritas hasta aquí. Se trata de una medida relativa pues se define como pobres a quienes ganan por debajo de un determinado umbral respecto a la renta media del país. Pero sucede que entre 2008 y 2011, último año con datos conocidos, la renta media por hogar ha disminuido constantemente (desde 26.500 hasta 24.609 euros anuales). Al hacerlo también descendió el umbral de la pobreza (de 646 a 626 euros mensuales), con ello la tasa de pobreza puede ser menor debido a que el conjunto de la sociedad se ha empobrecido. Esto es precisamente lo que sucedió entre 2010 y 2011 cuando dicha tasa disminuyó de 21,8% a 21,1%. A pesar de ello, entre 2007 y 2011 en torno a un millón de personas engrosaron este colectivo, que pasó de 8,9 a 9,9 millones de personas. Es altamente previsible que los datos de 2012, que se conocerán próximamente, muestren un nuevo incremento del porcentaje de población pobre. Como indicador baste señalar que el número de desocupados sin cobertura asistencial se incrementó en un millón de personas entre 2011 y lo que va de 2013 (el total pasó de 2,15 a 3,17 millones de parados desprotegidos). Además, se ha producido un vuelco en la composición por edades de la población pobre o en exclusión social: en 2007 los mayores de 65 años eran casi la tercera parte (28,2%) del total pero en 2011 sólo representan el 18,7%. Este avance no se debe a un gran avance de las rentas de la población anciana sino a su lento crecimiento en un contexto en el que la renta media del país se deterioraba. La explosión del desempleo y el deterioro de los ingresos salariales supusieron un crecimiento del segmento de pobres y excluidos en edad activa (de 21% a 28,2% del total), notable en el caso de los hombres, y también de los menores de 16 años (de 25,8% a 29,7%). Como consecuencia, en algunos grupos familiares las pensiones de los abuelos –hoy sometidas al congelamiento y la pérdida de poder adquisitivo- se convirtieron en refugio para los familiares más jóvenes, expulsados o excluidos del mercado laboral y de las prestaciones sociales. Existen colectivos especialmente afectados por la pobreza. Destacan los hogares que tienen “baja intensidad de trabajo”, es decir, cuyos miembros en edad de trabajar han estado empleado menos del 20% del tiempo disponible a lo largo del año, en suma, hablamos de desocupados y subocupados. El 60% de este colectivo se sitúa por debajo de la línea de pobreza. Muy afectados se encuentran los inmigrantes no comunitarios, el grupo cuya posición más se ha deteriorado desde 2007, pasando de 32% al 43%. En tercer lugar aparecen los hogares monoparentales –generalmente encabezados por una mujer- cuya situación ha variado poco durante la crisis: el 39% está afectado por la pobreza. Siguen los hogares encabezados por personas con estudios primarios o inferiores, cuya tasa de pobreza aumentó, y los formados por una sola persona –generalmente anciana- cuya situación ha mejorado durante la crisis.

Gráfico 3. Colectivos más afectados por la pobreza (2011)

RFam_2

Fuente: elaboración propia en base a EUROSTAT, Income and living conditions

 Ante estas cifras podría argumentarse que el criterio de pobreza utilizado es cuestionable, pues con un mismo nivel de renta pero con distinto acceso a ciertos recursos (vivienda gratuita, huerto para alimentarse, vivir en municipios con bajo coste de la vida, etc.) se puede vivir con cierta holgura mientras en otros casos (pagar hipoteca o alquiler, vivir en zonas de alto coste de la vida, no contar con redes familiares, etc.) con mayor renta se puede pasar más penurias. Estos argumentos son razonables pero no deben ocultar la existencia de un proceso de continuo y profundo deterioro de las condiciones de vida: los últimos datos indican que la pobreza severa se ha duplicado desde 2007: hoy hay  3 millones de personas (1,5 antes de la crisis) que no tienen garantizada la subsistencia básica (sus ingresos medios apenas superan los 300 euros mensuales). Por otra parte se han incrementado los indicadores de privación material, carencias objetivas al margen de cuál sea el nivel de renta familiar. Así vemos que en 2012 el 45% de las personas no podía permitirse disfrutar de una semana de vacaciones y el 40% no estaba en condiciones de afrontar gastos imprevistos, el 16% sufría la menos tres de una lista de siete carencias posibles, y el 9% se había retrasado en el pago de sus gastos de vivienda (hipoteca, alquiler y/o facturas de electricidad, o gas).

Gráfico 4. Personas con carencias materiales (% respecto a la población total)

RFam_3

Fuente: INE, Encuesta de Condiciones de Vida

En este contexto de profunda regresión social cobra importancia el amplio catálogo de prácticas solidarias que mencionamos en un post anterior.

 UNA VERSIÓN REDUCIDA DE ESTE TEXTO FUE PUBLICADA EN DIAGONAL Nº 208


[i] La tasa de ahorro, respecto al total de renta disponible, cayó de 18,5% a 11,6% entre 2009 y 2012. En 2013 parece recuperarse (13%) debido a la actitud previsora de las capas medio-altas preocupadas por las dudas respecto a sus ingresos futuros.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestmail



Sin comentarios

Deja un comentario

Nombre:

email:

Url: